Y el amor... el perverso amor, ni siquiera eso podía ofrecer, ni siquiera un poco de amor, ni siquiera sentía amor, nada ni nadie le transmitía amor.
Pero en sus abrazos, sentías paz, pero ella realmente consideraba que negociaba con eso, no era más que una simple cortesía sin sentido...
Y en sus abrazos se la veía llorar, de la impotencia, de la certidumbre de querer morir ahí, en ese mismo instante, en los brazos de alguien para que la ataje y la apoye suavemente en el suelo, y que le diga al odio, que era tiempo de descansar un poco... que era su tiempo.