Era una estúpida discusión. Eran reproches sin sentido, no tenía derecho a hacerlos. Estaba rompiendo una promesa y para colmo se daba el lujo de enojarse.De repente se dio cuenta de lo que había hecho, una vez más había lastimado. Con miedo decidió acercarse, con miedo al rechazo, sabiendo en el fondo de sí que lo que más deseaba esa otra persona era su presencia. Se sentó a su lado... Un gesto algo distante y al mismo tiempo tan comprensivo.
Aquella otra persona mantenía la vista continuamente hacia adelante, sólo le dirigía la mirada durante las confesiones más profundas cuando la sinceridad invadía. No era la primera vez que esto sucedía. Ella había vomitado sus miedos miles de veces, él había llorado muchas más.
Comenzó a sentirse una basura,
nuevamente. sabe que su horrible don es herir a la gente que quiere
sabe que va a morir sola y finge que no le importa ,
no le caen lágrimas, es un llanto eterno e interno.